Entrevista al escritor José Ricardo Chaves
Los poemas homoeróticos de José Basileo Acuña
José Basileo Acuña, uno de los intelectuales costarricenses más destacados del siglo XX (poeta, ensayista, educador, traductor, entre otras destrezas), suma a su legado una inesperada obra: un poemario homoerótico que concibió en silencio durante muchos años de su vida y que ve la luz 24 años después de su muerte.
Con el título “Poesía homoerótica y cartas asiáticas”, la obra acaba de ser publicada por la Editorial Costa Rica. El escritor costarricense José Ricardo Chaves (*) fue albacea y editor de los textos, reunidos en un voluminoso libro de casi 500 páginas, el cual incluye correspondencia de Acuña con su heredero, Armando Calzada, durante los años en que vivió y trabajo en la India.
El “grimorio”, (así lo nombra Chaves -como el libro en que guardaban sus fórmulas mágicas los antiguos hechiceros-) reposó en un cajón bajo llave durante todo el tiempo de su creación, más un cuarto del siglo XXI. ¿Por qué se mantuvo oculto durante tanto tiempo?
En sus eventuales charlas con don Pepe Acuña, el tema no fue nunca tratado -nos dice Chaves en conversación con Lectomania.net.– “Podemos especular al respecto, pero no sabemos en realidad sus razones”.
JRCh.: Hay una imagen de José B. Acuña promovida por la academia, como un personaje muy competente, un poeta muy valioso y, sobre todo, el mejor traductor de Shakespeare en Costa Rica y, probablemente, uno de los mejores de América Latina, nos recuerda Chaves.
Acuña nació en 1897 y sus poemas homoeróticos están fechados en las décadas de 1930 a 1960, un periodo de intensa actividad intelectual. Hay que recordar que él fue profesor del Liceo de Costa Rica, de la Universidad de Costa Rica y de la Escuela Normal de Heredia. Fue miembro de la Academia costarricense de la Lengua y una figura destacada de la Sociedad Teosófica.
Digamos que no podía exponerse publicando una poesía que rompiera el molde de la poesía costarricense de la época.
Lect.: ¿Por qué el libro debió esperar tantos años para ser publicado, tras la desaparición física de Acuña?
JRCh,: Cuando don José Basileo murió, los derechos de la obra pasaron a Armando Calzada, su heredero, de quien me había hecho amigo. Mi hermana también era muy amiga suya. Había, pues, una conexión amistosa y eso influyó en que, en algún momento de su vida, cuando Armando tomó la decisión de publicar ese material, haya pensado en mí.
El tuvo la oportunidad de hacerlo cuando se publicaron las obras completas de Acuña, (Editorial UCR, 2011) bajo el cuidado editorial de Peggy Von Mayer. Sin embargo, Armando decidió guardar el material unos años más. En 2013, en una visita que hice a Costa Rica, él me confió los originales, con la advertencia de que no se podían publicar antes de que él muriera. Armando Calzada falleció diez años más tarde, en 2023.
Creo que tal vez él haya pensado en mí como la persona adecuada porque yo ya había publicado una novela de tema homoerótico en Costa Rica (Paisaje con tumbas pintadas en rosa), que visibiliza este asunto de la homosexualidad en tiempos del sida.
Lect.: ¿Qué relación hay entre la poesía y la cartas? ¿Por qué se publican juntas?
JRCh: En el transcurso de esos aproximadamente diez años, desde que Armando me confió el poemario, fueron apareciendo cartas que José Basileo Acuña estuvo enviándole durante el tiempo que vivió en la India y Filipinas.
A mí me pareció un material muy interesante por varias razones, le propuse a Armando que lo incluyéramos en este libro y él estuvo de acuerdo.
Estas cartas corresponden al periodo en que don José trabajó como director de la Escuela de Sabiduría en la India, un proyecto de la Sociedad Teosófica que buscaba perfeccionar programas para enseñar y promover la teosofía, así como en Filipinas, donde estuvo una temporada estableciendo la Iglesia Católica Liberal.
Principalmente, sus cartas de la India están llenas de recuentos viajeros, sitios visitados, personajes conocidos del mundo teosófico de alto vuelo, que resultan muy interesantes para hacerse una idea de esa India que recién inauguraba su independencia de Inglaterra.
Lect.: ¿Cree usted que este libro impacta la historia de la literatura costarricense, por tratarse de un autor que precisamente hizo historia en ese ámbito?
En cuanto a la poesía costarricense, este libro viene a mover bastante el panorama usual, porque cuando se habla de poesía homoerótica en Costa Rica, normalmente el punto de arranque correspondía a los años 60 y 70. Ahora nos encontramos que en Costa Rica había un poeta que a mediados de los 30 ya estaba escribiendo este tipo de poesía.
Más allá de eso, está el hecho de que la poesía homoerótica costarricense viene a diversificarse mucho más, con un autor muy significativo de la primera mitad del siglo XX.
YO sé de las miradas secretas de los hombres que exóticos placeres invitan a probar, placeres que designan con sacrílegos nombres y que nadie en voz alta se atrevió a

No diré quiénes fueron, usaré de pronombres, tú y yo, él, vosotros, los que trajo el azar y en abrazo fraterno, que nivela renombres, nacimiento y fortunas, nos logramos amar. Lo que el mundo condena lo obtuvimos sin tasa, en las fuentes prohibidas se apagó nuestro ardor. ¡Oh el instante furtivo en que todo se abrasa, cuerpo, alma, prejuicios; en que todo fracasa, los deseos de enmienda, la vergüenza, el temor; en que vence la Carne o en que triunfa el Amor!
(Soneto I, 1936)
Lect.: En la lectura de este libro, se siente al principio una especie de amargura por la condena social a la homosexualidad. Expresiones como “lo que el mundo condena”, “lo que nadie en voz alta se atrevió a pronunciar”, “nefandos amores del infierno nacidos”, aparecen con mucha frecuencia.
Uno puede encontrar en esta poesía ciertos giros. Los primeros poemas él los escribe desde una conciencia todavía culposa de su propia sexualidad. Influye mucho el ambiente católico en el que él se movía originalmente y que es determinado por la influencia de su familia. Eso lo marcó.
Luego, él cambia de ese catolicismo a una visión un poco más tolerante, cuando pasa al campo teosófico. Así va a conocer otras visiones de la sexualidad, más influidas por la visión grecolatina, más pagana y gozosa del cuerpo. Contribuye además su relación con personas como Roberto Brenes Mesén y su acercamiento a las filosofías de la India.
Esto se refleja en la evolución de sus poemas, que pasan de una visión católica, llena de culpa, a una aceptación de su propia sexualidad, más abierta al gozo físico. Esta nueva etapa corresponde a una poesía influida en la forma y el contenido por la literatura grecolatina.
CANTO el amor antiguo madre de heroicidad, en cuyos pechos se amamantaron las robustas vírgenes y el preclaro valor de los efebos que, a la divina Grecia, con rosas y laurel embellecieron.
POR ti pulsó, sobre la excelsa cumbre del apolíneo monte, su instrumento sonoro como el mar, el cantor de la furia de Aquileo, y en sacra inspiración enardecido del hijo de Peleo describió la venganza por la muerte del valiente Patroclo, a manos de Héctor, y cómo al fin en una misma tumba se encontraron sus cuerpos, unidos por los lazos irrompibles de un sentimiento eterno.
Fragmento del poema Oda al amor antiguo (Agosto de 1946)
Pese a ello, hay en la poesía de Acuña una visión un tanto pesimista en relación con el amor, cualquier tipo de amor. Es la idea de que todo amor está destinado a que se acabe. No es panacea, en la que los amantes son eternamente felices. El amor es transitorio, ayuda a los amantes por un tiempo a sentirse bien, pero eso también se acaba.
Raramente en esos poemas hay un final feliz para los amantes. Sobre todo cuando hay series de poemas, se ve el proceso desde el inicio donde todo es felicidad, hasta el adiós, se acabó el amor, estoy solo otra vez. Hay siempre ese ciclo.
José Ricardo Chaves considera que esta obra, a cuyo cuidado estuvo la edición y la autoría del Preámbulo, contribuirá a que José Basileo Acuña sea conocido en un público más amplio de lectores, especialmente de personas más jóvenes.
“Todo lo que contribuya a ampliar y enriquecer el acervo de la literatura costarricense entre los lectores, tanto nuevos como viejos, es valioso. Porque lamentablemente, muchos de esos autores nacionales han sido y son muy importantes, pero poco conocidos en el medio costarricense. Han ido cayendo en el olvido y la amnesia parece ir creciendo.
Por eso, yo siempre combino el trabajo mío, de escribir mis cuentos, la poesía, la novela, con la divulgación del trabajo de mis colegas y, sobre todo, de los de la primera mitad del siglo XX, que son los más olvidados. Todos tenemos en Costa Rica una memoria de los años 60 en adelante, algunos se van a los años 40 como si allí hubiera nacido la literatura costarricense, pero nuestra literatura va mucho más atrás, por lo menos desde finales del siglo XIX.
Los escritores del Olimpo, los Fernández Guardia, Carlos Gagini y toda una serie de escritores y escritoras, como María Fernández de Tinoco, que merecen ser conocidos y reconocidos en la actualidad.
(*) José Ricardo Chaves es un escritor costarricense radicado en México, donde trabaja como investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Es autor de numerosas obras de ficción, entre ellas las novelas Los susurros de Perseo (1994), Paisaje con tumbas pintadas en rosa (1999), Faustófeles (2009) Espectros de Nueva York, (2015), Tránsito de Eunice (2018) y Fujirazú ( 2023).






