Penuria y egoísmo en días de pandemia
La muerte de los otros, de Paul Benavides
Por Oscar Núñez Olivas
La pandemia de Covid-19 entró a Costa Rica llevándose todo a su paso, como un huracán. Desbarató empresas, liquidó cientos de miles de empleos; hizo colapsar los hospitales y dejó una estela de muerte y desolación sin precedente.
Las cifras estremecen, pero los guarismos son aterradores cuando se traducen a vivencias concretas; la del hombre que era sustento de su familia y perdió el empleo; la del pequeño empresario que un día tuvo que cerrar definitivamente las puertas de su negocio y lanzar al desamparo a una docena de trabajadores.
La nueva novela de Paul Benavides Vílchez, “La muerte de los otros”, nos lleva a vivir por dentro la tragedia, en un ejercicio de contrastes brutal entre quienes padecieron las pérdidas en todas sus formas y los que aprovecharon para hacer negocios ilícitos a la sombra de ostentosos cargos.
Poeta y novelista, ganador del Premio Nacional Aquileo Echeverría 2021 por la novela “Los papeles de Chantal”, Benavides regresa a un tema que le apasiona: el ejercicio del poder y la corrupción que crece a su alrededor como hongos sobre composta. Solo que esta vez, la corrupción política y empresarial tiene como trasfondo la pandemia.
Las tragedias exponen las fracturas existentes en una sociedad. Puede ser una guerra, una catástrofe natural, una crisis económica complicada (como la de 2008) o una pandemia como en este caso. Lo que hizo la pandemia del covid-19 fue evidenciar las fracturas entre aquellos que tenían más ventajas para enfrentarla y los que no tenían ninguna. Dejó expuestas las asimetrías sociales, económicas, laborales, afirma el autor en entrevista con Lectomania.net.
La fiesta de los bólidos
La historia empieza con una estrafalaria fiesta en la casa de Guillermo Stephan, presidente de un banco estatal cuyo nombre no se revela (aunque tampoco hace falta). En esta reunión, que Stephan ha bautizado con el pomposo nombre de “fiesta de los bólidos”, se exhiben los nuevos autos de la familia: un Jaguar, un Bentley, un Ferrari, un Mercedes Benz…
El derroche de comidas y bebidas, la música en vivo con el rapero de moda, las modelos voluptuosas, los bufones e ilusionistas, recubren con lentejuelas y telas de fantasía una estafa que se urde ahí mismo y que permitirá extraerle 60 millones de dólares al banco en cuestión, mediante la adquisición de una cadena hotelera que, en medio de la crisis sanitaria que se avecina, no vale un centavo.
En esa trama, aparte de Stephan, están involucrados otros altos funcionarios y directivos del banco quienes, en conjunto, tienen el poder de decisión para aprobar la inversión.
Yo busqué un arquetipo de estafa bancaria, como tantas se han dado, que me pudiera servir como detonante de la historia, explica Paul Benavides, sociólogo de profesión que trabaja desde hace 30 años en el Departamento de Servicios Técnicos de la Asamblea Legislativa.
Utilicé una investigación legislativa sobre los negociados de la Hidroeléctrica Aguas Zarcas y de Yanber. Estos dos casos, que tienen el mismo formato de corrupción bancaria, son parecidos a lo que está en la novela: directivos de bancos públicos aprobando megapréstamos para adquirir, a precios inflados, activos de empresas de las que ellos han sido socios o asesores jurídicos. Y para ello se valen de gente especializada en avalúos que han sido sus empleados y que ellos mismos se han llevado al banco para facilitar la estafa.
La concurrencia de intereses y el tráfico de influencias a niveles muy altos se ha venido dando desde hace muchos años en el sistema bancario, por parte de grupos empresariales muy poderosos, que han diseñado un sistema para encubrir sus actuaciones ilegales.
Entonces hay un modelo de corrupción bancaria, yo tomo ese modelo, lo meto en la novela, eso detona la historia y el resto es una construcción mía, precisa el autor.
El tema del negociado se desarrolla en paralelo a las historias de funcionarios bancarios de nivel medio, y de personas comunes ajenas al medio financiero, que viven día a día los embates de la pandemia.
El autor es categórico al apuntar que el impacto social de la pandemia está asociado a la forma en que “los de arriba” administraron la crisis sanitaria, de acuerdo con los intereses de ciertos grupos de interés que representan.
El modelo usado en Costa Rica fue colocar al frente a un ministro de Salud con un enfoque eminentemente médico-sanitario. En consecuencia, todas las políticas restrictivas como el distanciamiento, los aforos en los locales comerciales, etcétera, tuvieron un efecto de orden sanitario, pero no hubo una estrategia de acompañamiento a la sociedad, a las empresas pequeñas y medianas, así como todo aquel sector de la economía que no está amparado por la formalidad. Pongo el ejemplo de las empresas formales del sector turístico o del transporte, muchas de las cuales colapsaron.

El efecto fueron las altas tasas de desempleo que se dispararon en las zonas periféricas del área metropolitana, que ya venían con índices de pobreza altos y bajos índices de desarrollo. Regiones como El Caribe, el Pacífico, Guanacaste, la Zona Norte. Y en esas zonas, la gente sigue padeciendo los efectos de la pandemia. Emprendimientos agrícolas, pesqueros, de turismo, con 15 o 20 años de existencia no pudieron readecuarse después de la crisis y tuvieron que cerrar sus puertas.
Y si hilamos más fino, nos daremos cuenta de que hay una correlación entre la destrucción del empleo y la fuerte penetración del narcotráfico en esas zonas.
Los personajes
Desde el punto de vista de la técnica literaria, llama la atención el cuidadoso trabajo de caracterización que el autor empeña en cada uno de estos personajes, lo que hace posible que los lectores nos apropiemos de sus muchas congojas y sus frugales alegrías, como si de amigos cercanos se tratara. ¿Son ellos construcciones del autor o personas reales trasplantadas por el novelista a su ficción?
Al respecto, Benavides nos dice:
Algunos personajes tienen que ver con personas reales, concretas. Otros pueden ser recreaciones de varios personajes o enteramente ficciones.
Julio Castro es el jefe de la sección de avalúos del banco y el único de la jerarquía que se niega a cohonestar la estafa. Hijo de un electricista, pasó por todos los niveles del sistema educativo público y se graduó de ingeniero a fuerza de becas y gracias a un gran esfuerzo personal. Es el prototipo del ciudadano costarricense de una época en que la educación pública hacía posible el ascenso social. Algo muy cercano a mi experiencia personal.
Memo Stephan, el malo de la novela, sí es una construcción intuitiva a partir de lo que he visto o escuchado sobre hombres ricos y exitosos. He conocido gente así, tal vez no mucha, pero sí lo suficiente para forjarme una imagen.
Ana María es como tantas compañeras de trabajo que yo he tenido en la Asamblea Legislativa durante 32 años o tantas personas que conocí en la Universidad, que trabajaban en la parte administrativa. Tomando una parte de aquí y otra de allá, es como concebí al personaje.
En general, para esta novela yo me propuse profundizar en las psiques de los personajes, ir a su esencia para poder corporizarlos y convertirlos en figuras plausibles.
¿Novela negra, thriller político o qué cosa?
Y aquí viene de nuevo la manía clasificatoria que es, debemos admitirlo, un ejercicio teórico poco relevante, aunque entretenido. ¿Es La muerte de los otros una novela negra? Porque más de un tercio de la historia, las últimas 140 de las 375 páginas del libro, lo consumen las pesquisas del detective Adolfo Meneses, quien regresa de un largo viaje a Tailandia, a tiempo para embarcarse en la investigación de un homicidio.
Lo que une esta parte de la historia con el resto es que la víctima del crimen es un personaje importante en el affaire bancario. Y la intriga se centra en el hecho de que los lectores no nos enteramos de quién es el asesino hasta el puro final de la historia.
Meneses es un híbrido poco probable entre policía y escritor (policía, escritor y un poquitín filósofo). Y de remate abstemio, todo lo cual constituye un perfil muy raro e interesante.
¿Qué dice el autor al respecto?
Yo diría que esta no es una novela policial ni política, es más bien una crónica de la Costa Rica contemporánea. Una crónica de un momento muy complicado, en el que la pandemia ha funcionado como un telón de fondo que oculta y justifica todo. Yo lo que veo es la pandemia desde el punto de vista humano, de las víctimas y los victimarios.
Entonces, la primera parte me permite contar una visión general de la historia y, la segunda, la entrada de Meneses, es retomar esa historia desde el punto de vista del investigador policial. Pero en esa segunda parte hay más: hay una indagatoria de Meneses sobre sí mismo, sobre su papel como investigador del OIJ y sobre su papel como escritor, así como una mirada a esta Costa Rica deteriorada y fragmentada.
Benavides admite que le gusta la trama policial porque ésta permite indagar el tema del poder a profundidad. Y, de paso, nos deja una promesa.
(La novela policía) es la llave que abre la puerta a una investigación de mayor calado que es la indagación política, nos muestra un submundo que no está a la vista de todos. Es una manera de penetrar en ese mundo oscuro de la corrupción, donde se establecen nexos entre lo político y lo delictivo.
Creo que, por ahora (no sé en el futuro), voy a seguir por ese camino. Mi próxima novela, que aún está en una fase temprana, va por ahí, estará relacionada con el poder y una figura política.
Paúl Benavides Vílquez es autor de los libros de poesía Duelos desiguales (EUNED 2012), Oficio de ciegos (Arboleda 2014), Apuntes para un náufrago (Letra Maya 2017) y “Áspera noche” (Letra Maya 2019).
Su primera novela fue Los papeles de Chantall (Editorial El Gato y la Gruja 2021) por la cual obtuvo el Premio Nacional de Novela, Aquileo J. Echeverría ese mismo año.






