A Mey Guzmán es fácil encontrarla en los pasillos de cualquier feria de libros, sonriente como si la vida se empecinara en hacerle cosquillas. Aunque fotógrafa y diseñadora publicitaria de profesión, sabe que lo suyo es leer y quizás por eso es tan feliz en los ecosistemas literarios.
Por Otto Vargas ( * )
Es, sin duda, la cara más visible de una nueva camada de booktokers, creadoras de contenido digital especializadas en la recomendación de libros. En los últimos años, estas jóvenes irrumpieron, con fuerza de mazo, en la escena literaria costarricense. Su trabajo es de enorme valor para los escritores porque sus reseñas llegan a miles de personas en cuestión de un parpadeo.
Perfiles como @bookish_marifer, @nanacrbooks, @paginacero o la mismísima @read.with.mey someten los libros a un intenso escrutinio lejos de las ataduras y formalismos propios de un crítico literario: ellas lo hacen por el placer de compartir, de una forma innovadora y tecnológica, sus impresiones.
Lo hacen mediante videos cortos, técnicamente bien logrados, que se viralizan en segundos. Otras, como las “página cero”, han decidido ir más allá y desde su podcast siguen los pasos de Hassel Fallas, nuestra podcaster literaria radicada en México, creadora del sugerente “Hablemos de libros, ¿qué más?”.
Con su trabajo vigorizan y llevan verdor a la escena literaria criolla. ¿Cómo se ha gestado este fenómeno? Mey cree tener la respuesta.
“Creo que estamos entendiendo que hablar de libros no tiene que ser algo aburrido. Las redes sociales nos permiten acercarnos a la literatura desde formatos muy diferentes: videos, memes, fotografías, recomendaciones, debates… Los jóvenes encontramos nuestra propia manera de hablar de lo que leemos. No creo que los jóvenes estén leyendo de repente porque apareció BookTok o Bookstagram; creo que, simplemente, encontramos una forma de mostrar que leer también puede ser divertido, emocionante y muy social.
¿En tu caso, cómo empezó esta aventura?
Abrí @read.with.mey porque quería compartir con las personas los libros que estaba leyendo. Al inicio era mucho más personal, tipo diario, pero poco a poco la cuenta fue creciendo y conocí a autores, editoriales y otras personas que también aman leer. Comencé a leer literatura nacional con un libro de Le Fernández y desde ahí me di cuenta de que la literatura costarricense era todo un mundo en ese momento desconocido para mí. Empecé a ir a ferias, conocer autores, comprar sus libros, leerlos, comentarlos con ellos… Hoy hago reseñas, recomendaciones, lecturas conjuntas, entrevistas. También apoyo a los autores nacionales y creo contenido alrededor de los libros. Al final, lo que me motiva sigue siendo lo mismo: compartir historias que me gustan y lograr que alguien diga «este libro lo quiero leer».
¿Qué es lo más curioso que te ha sucedido?
Creo que lo más curioso, y todavía loco para mí, es cuando alguien me reconoce por la cuenta. Siento que soy una persona bastante reservada, callada y tranquila detrás de una pantalla. De repente alguien me dice: «¡Mey, yo te sigo!» y me quedo como… ¿a mí? También me ha pasado que he conocido a autores que admiro y termino conversando con ellos, entrevistándolos o incluso leyendo sus libros como lectora alpha o beta antes de que salgan (sus obras). Esas son cosas que, cuando empecé la cuenta, jamás imaginé que iban a pasar.
¿Cuál ha sido tu principal aprendizaje?
He aprendido que crear contenido no es solamente subir una foto bonita de un libro, junto a una taza de café y listo. Detrás hay muchísimo trabajo, pero sobre todo aprendí que cada persona conecta con los libros de una manera diferente. No necesito convencer a alguien de que un libro es bueno; necesito contarle por qué a mí me hizo sentir algo y dejar que esa persona decida si quiere vivir esa experiencia también. He aprendido a confiar más en mi propia voz. No quiero que mis reseñas suenen como una ficha técnica de un libro; quiero que suenen a mí.
Falta en Costa Rica mayor promoción de los autores nacionales. ¿Por qué ocurre eso?
Sí, muchísimo. Tenemos autores con historias increíbles, pero muchas veces el lector ni siquiera sabe que existen. Creo que todavía hay una percepción de que lo extranjero automáticamente es mejor y que lo nacional es algo que se lee solamente porque «hay que apoyar» o porque en la escuela era una obligación. Yo creo que no deberíamos apoyar un libro únicamente porque sea costarricense. Deberíamos apoyarlo porque es bueno y, además, porque es nuestro, así como hacemos filas para estar de primeros comprando un libro de un autor internacional de renombre que acaba de salir
Hay muchísimas voces nuevas, de distintas edades, géneros diferentes; autores nacionales que están atreviéndose a contar historias que, quizá antes, no tenían tanto espacio. Eso me encanta. También creo que todavía tenemos mucho camino por recorrer en cuanto a difusión, distribución y accesibilidad. Hay libros buenísimos que siguen siendo demasiado difíciles de encontrar y muy caros.
( * ) Otto Vargas es escritor y periodista costarricense

Mey Guzmán, joven booktoker costarricense con gran número de seguidores.
¿Vale la pena apoyar lo nacional?
Sí. Absolutamente vale la pena apoyar lo nacional. Pero para mí apoyar lo nacional no significa decir que todo lo costarricense es bueno solo por ser costarricense y ya. Significa darle una oportunidad. Comprar el libro, leerlo, recomendarlo, hablar del autor, ir a una presentación, compartir su trabajo. Porque si nosotros, que somos los lectores de este país, no les damos ese espacio, es muy difícil que otras personas lleguen a conocerlos y es ahí donde se estancan.
Está claro que, esporádicamente, algún autor nacional da el salto internacional y publica con alguna de las grandes editoriales, lo que es un gran mérito indiscutible. Ya no tenemos a José León Sánchez, nuestro trotamundos literario. ¿Por qué Costa Rica no tiene en la actualidad un Vargas Llosa o un Gabo?
Costa Rica tiene escritores con muchísimo talento. Lo que quizá no hemos logrado es construir una industria editorial y literaria que permita que esos autores tengan una trayectoria internacional constante. No basta con que un autor publique un libro en una gran editorial. Necesita distribución, promoción, lectores, traducciones, continuidad y una industria que lo acompañe. Y también creo que tenemos que dejar de medir el éxito de nuestra literatura únicamente por si llegó o no a una editorial internacional. Tenemos autores muy buenos aquí y tal vez el reto no es encontrar al próximo Vargas Llosa o Gabo, sino conseguir que el mundo conozca a los escritores que ya tenemos.
En estos momentos existe en el país una explosión de letras jóvenes que vienen empujando autores como Rod Saturnine, Rob Sperling, Sergio López y Edith Pérez, por mencionar algunos. ¿A qué se debe este despertar que antes parecía exclusivo para las plumas nacionales consolidadas?
Creo que hay una nueva generación de autores que están experimentando con géneros, con temas y con formas diferentes de contar historias. Y, además, hay lectores jóvenes que quieren leer esas historias y hablar de ellas. También las redes han cambiado muchísimo el panorama. Antes dependías mucho más de ciertos espacios para que un libro tuviera visibilidad. Ahora un autor puede encontrar directamente a sus lectores y armar su propia comunidad.
Ahora sos una persona conocidísima en el medio literario. ¿Cómo manejas eso?
«Conocidísima” me queda grande, pero creo que lo que me ha ayudado es ser constante y, sobre todo, ser yo misma. Nunca intenté construir una personalidad para la cuenta que no fuera la mía. He tratado de hablar de los libros como los hablaría con una amiga: decir cuando algo me encantó, cuando algo no funcionó para mí y explicar por qué. Por otro lado, también he tratado de apoyar mucho a los autores nacionales. Creo que cuando haces las cosas con cariño, sin esperar nada a cambio y de manera constante, eventualmente la gente empieza a reconocerte.
¿Dónde te veremos de aquí a 10 años?
No sé exactamente dónde voy a estar, pero sí sé que quiero seguir vinculada a la literatura. Me gustaría continuar creando contenido, trabajando con autores, haciendo proyectos relacionados con libros y, por supuesto, seguir leyendo mucho. Y si dentro de diez años sigo diciendo que «este año sí voy a bajar mi TBR (traducido al español, “libros por leer»), probablemente también sea la Mey de hoy en día.
¿Finalmente, para vos qué significan los libros?
Los libros son entretenimiento, compañía, distracción, aprendizaje y también una forma de conocer otras realidades. Hay libros que simplemente disfruto y otros que me hacen cuestionarme cosas. Pero, sobre todo, los libros son conexión. Conectan al lector con una historia, con un autor y muchas veces también con otras personas.






