FIL Guadalajara: La diferencia radica en la esencia
Por Simón Angulo
Un diciembre más, una temporada más de FIL que se extrañará. Una celebración de libros cuya influencia traspasa las fronteras hasta nuestro país.
La FIL de Guadalajara no es solo una feria: es un fenómeno cultural. Durante más de una semana, la ciudad se transforma en un enorme ecosistema del libro donde circulan cientos de miles de personas, miles de editoriales, agentes literarios, traductores, periodistas y escritores de todo el mundo. Es un evento que impone ritmo, agenda y conversación en el mundo editorial en español.
La feria del libro costarricense no es que no reúna a participantes con los mismos motivos; sin embargo, la cultura y la manera que tiene la FIL Guadalajara de transformar toda una ciudad en una celebración literaria conjunta es inigualable.
En Guadalajara es común cruzarse con premios Nobel, autores de superventas y figuras mediáticas de la literatura internacional. Las presentaciones llenan auditorios y muchas veces se viven como eventos de alto impacto cultural. Hay espectáculo, expectativa y titulares en torno a la época de la FIL. Sin embargo, fuera de la enorme organización del evento, de las nuevas propuestas y stands repletos de libros nuevos, lo que en realidad hace a la FIL Guadalajara mágica es todo ese mundo paralelo que nace y encuentra a seres humanos en todo tipo de espacios culturales fuera del lugar de exposiciones.
La ciudad de Guadalajara siempre se ha caracterizado por ser una ciudad muy cultural, con muchos gestores culturales que aprovechan la feria del libro para realizar actividades paralelas, sin depender necesariamente de ella en sí.
Para todos aquellos lectores, autores, editores o simplemente cualquier persona que desee conectar más allá de foros o presentaciones formales de libros en un centro de eventos gigante, esto es posible de manera orgánica gracias a la oferta cultural de la ciudad, la cual se ve reforzada durante la semana de la FIL.
Que una lectura de poesía seguida de un concierto de alguna banda local. Que alguna exposición en una galería underground del barrio junto a poetas emergentes. Que una cena con “chelitas”, compartiendo de primera mano con exponentes literarios de todos los países de la región en espacios más íntimos. Son las maravillas escondidas de la FIL de Guadalajara que enaltecen esta temporada del año: espacios creados fuera de foco por toda la ciudad, que se nutren de formas y artes sinceros.

Simón Angulo, escritor
Un claro ejemplo de esto es el espacio cultural “Ortográfika”, que año tras año, especialmente en temporadas de la FIL, se encarga de crear todo un festival paralelo para quienes quieran conocer la poesía local, a poetas locales y, de paso, exponer su arte en todas las oportunidades que el espacio brinda.
Aquí comparto su enlace de Instagram, donde se puede encontrar toda su información:
https://www.instagram.com/ortografikka?igsh=bmp2bXZoemNleW1m
En Costa Rica, el público suele ser más específico, más cercano al ámbito educativo. Eso permite actividades más íntimas, siempre dentro del espacio de la feria del libro: talleres, charlas y lecturas donde el diálogo es real y no una formalidad. Lo cual hace que nuestra feria sea única también. Sin embargo, el reto para nuestra identidad literaria nacional es dar el siguiente paso para que nuestra feria no se quede solo en una feria, sino que, al igual que en Guadalajara, esos días de feria se conviertan en días de fiesta en toda la ciudad.
En una ciudad conquistada por la cultura.










