Exploraciones perturbadoras
(Sobre Río Pánico, de Vernor Muñoz)
En “Río Pánico” hay una corriente de sucesos ficcionales que ponen a prueba nuestra imaginación. Enfrentamos lucubraciones extremas en muy labradas oraciones. En nuestro caso, debimos releer para buscar la clave de esta provocadora literatura que nos parece el resultado de una inteligencia ilustrada y desafiante.
Por Guillermo Fernández
“Río Pánico”, del autor nacional Vernor Muñoz, es un compendio de textos inclasificables, a los que algunos llamarán microrrelatos, cuentos cortos, prosas poéticas, entre otras denominaciones que abundan. Para nosotros, Muñoz escribe reflexiones que se deslindan de simples historias con ecos kafkianos o walserianos (recordemos que Robert Walser inspiró, se supone, a Kafka), y que toman un camino muy propio. Estos desembocan en climas oníricos inquietantes que tienden al desconcierto. Una primera lectura no basta, ni dos. Muñoz se dirige a un lector que no se paga con el consentimiento complaciente.
El autor nos enfrenta a ficciones que nos plantean, como el koan del budismo zen (en un contexto literario y no paradojal), turbadoras circunstancias pese a la brevedad con la que ha apostado en comunicar sus intuiciones. Véase un ejemplo en la siguiente sentencia titulada «La frontera»: «Miró el muro. Confiando en su fuerza y destreza, tomó impulso y lo escaló. Al otro lado lo esperaba otro muro, alto como una ceiba y extenso como su ira». Todos estos koan poéticos o narrativos de Muñoz tienen la cualidad de despertarnos a otra realidad con una esmerada capacidad sintética.
Estas sorpresivas invenciones de Muñoz no son gozosas, si se quisiera pensar en estas como una inofensiva lectura. Sus descripciones son más reversos del sentido común, no fueron estructuradas para complacer el ánimo.
Encontramos en cada página un hilo de anti-Ariadna siniestro que nos lleva más bien a lo recóndito del sueño o la pesadilla. No a la salida de esta. Tal es el caso de «Monumentos demolidos», «Museo del hambre», «Sorogogía», «Retrato en familia», «Beneficios de la idolatría», «Tiempos de solaz», «Ricetta di cardinale», entre otros escenarios ante los cuales reconocemos la propuesta de un autor que no parafrasea fantasías, sino vivencias traumáticas de la colectividad.

Muñoz es un autor que empieza una historia con una inocencia simulada y de forma súbita nos sumerge en una solución inaudita, como en «Zapatos de cemento», cuya brevedad no impide que imaginemos en segundos una novela entera. Tal es la eficacia de sus letras.
En “Río Pánico” hay una corriente de sucesos ficcionales que ponen a prueba nuestra imaginación. Enfrentamos lucubraciones extremas en muy labradas oraciones. En nuestro caso, debimos releer para buscar la clave de esta provocadora literatura que nos parece el resultado de una inteligencia ilustrada y desafiante.






