¿Tuvo alguna participación José León Sánchez en el fatídico robo de la Virgen de los Ángeles en el que pereció el vigilante de la basílica? ¿Por qué la justicia se ensañó con él mientras que, con otros sospechosos, como Frankenstein y Roberto Figueredo, fue benévola?
Por Otto Vargas (*)
“Si en Costa Rica hubiera existido la pena de muerte, ya este caso estuviera archivado y no tendría importancia para nadie. Habría muerto un poeta sin un mundo que ofrecer. Habría muerto un hombre más, uno de esos que, al crecer, pierden la capacidad de asombro. Gracias a que no existe la pena de muerte en nuestro país, José León pudo llegar a escribir una obra en la prisión”.
Así comienza el escritor costarricense Juan Carlos Gómez Sánchez su obra “José León Sánchez: escandaloso sacrilegio de la inocencia”, su ópera prima que en 2025 dio el salto internacional de la mano de la Editorial Primigenios, una casa editorial con sede en Estados Unidos, fundada por el escritor cubano Eduardo René Casasola “como un acto de realismo mágico; una mentira piadosa que terminó siendo verdad”, según palabras del propio editor.
Y a juzgar por los números de ventas, es evidente que este era un libro esperado. Gómez invoca fantasmas apolillados para exorcizar al mal llamado “Monstruo de la basílica”, ese que terminó por convertirse en el más reconocido autor costarricense fuera de nuestras fronteras. Cientos de miles de sus libros, entre estos “La isla de los hombres solos” y “Tenochtitlán”, están desperdigados por los recovecos del mundo, traducidos al mandarín, al ruso, al italiano, al inglés, al francés, al alemán…
La crónica de Gómez es un acierto. Acude a las técnicas clásicas del periodismo (reporteo, crónica, relato, descripción, revisión documental) para dar vida a un manuscrito que, a golpe de mazo, derrumba los mitos de una historia que, 75 años más tarde, permanece en el inconsciente colectivo de aquella horrorizada sociedad que presenció, o al menos escuchó hablar, del sacrilegio: alguien se robó a la venerada Negrita y a los pies de su altar se derramó la sangre de un inocente; la del vigilante del templo.
Juan Carlos aparta el velo que rodea la vida de José León Sánchez para echar una mirada insondable a sus huellas. Se sumerge en su niñez para palmar sus desgracias. Evita el sensacionalismo; el relato es lo suficientemente crudo para cautivar al lector, a quien toma de la mano para conducirlo hasta los neblinosos hechos del hoy envejecido 12 de mayo de 1950.
El autor desoye los cientos de relatos que transmutan a José León en un monstruo y con paciencia de gato se sienta a rumiar el relato del protagonista. Antes de hacerlo, se desnuda de prejuicios para escuchar aquella voz que presume su inocencia; lo escucha sin juzgar, aunque en su obra no tendrá reparos en hacer eco de voces que enjuician, que condenan, que encienden los fuegos fatuos de la intransigencia.
Y aun así el escritor es cauto. No disfraza verdades edificadas a partir de puntos de vista disímiles de aquellos que creen en la inocencia (y que se cuentan con los dedos de una mano) y los acusadores, que se cuenta por cientos de miles. La idea de escribir sobre el crimen de la basílica surgió durante una clase de Géneros Periodísticos por sugerencia de su profesor de Periodismo, el laureado escritor Froilán Escobar, (Premio Nacional Aquileo J. Echeverría 2006, entre muchos otros).
“Yo ni siquiera conocía a José León. Es decir, sabía de su existencia, pero nunca lo había visto”, rememora Gómez.

Juan Carlos Gómez Sánchez, periodista y escritor
El propio Froilán pactó el encuentro con José León y a partir de ese día, el entonces aprendiz de periodista y el escritor se hablaron todos los días, durante un año, mientras el célebre autor escribía su novela “Mujer, la noche aún es joven”, inspirada en el cantante y compositor mexicano Agustín Lara.
“Poco a poco me gané su confianza. Me contó sobre su vida; nunca cuestioné si lo que me dijo era falso o no. Yo asumí que todo eso lo vivió”.
Paralelo a las conversaciones, Gómez visitó fuentes vivas (como el vigilante que la noche del crimen cambió su turno y por eso vivió para contarlo) y escarbó documentos judiciales atávicos y periódicos cargados de ira. En Costa Rica, la primera versión del manuscrito fue publicado por una pequeña editorial llamada “La pluma es flecha”, de la Universidad Federada San Judas Tadeo.
La Editorial Primigenios olfateó la importancia de la obra y apostó por ella este 2025. Por eso el libro hoy coquetea con los lectores de todo el continente. “José León Sánchez, escandaloso sacrilegio de la inocencia” ata cabos, le guiña un ojo a la verdad y viste de heroína a la inocencia. ¡Periodismo justo y necesario!
Los enigmas a veces encuentran luz al final del túnel; entonces la verdad brota y reverdece. Este es un libro imprescindible.
Gómez se sumó a una galaxia de escritores costarricenses que recalaron en esta editorial de Miami: el propio Froilán Escobar y su esposa, la afamada escritora Helia Betancourt, Alana Quesada Obando (con apenas 15 años sorprendió por la frescura de su pluma), Johazka Obando Calderón, Henry Segura, Maricruz Núñez, Enar Pineda y el periodista Fabián Meza.
“Gracias a ellos, Costa Rica dejó de ser para Primigenios un punto en el mapa para convertirse en un corazón palpitante dentro de la editorial. No hablamos de autores dispersos, sino de una comunidad que crece, se acompaña y dialoga con el resto de Latinoamérica y el mundo a través de nuestras publicaciones”, dice el editor Eduardo René Casasola.
Juan Carlos Gómez es abogado y periodista. Tiene amplia experiencia en temas aduaneros al ocupar cargos como director de la Policía de Control Fiscal, subdirector de la Dirección General de Tributación y director general de la Dirección de Aduanas, entre otros. A la fecha suma ocho libros publicados, entre estos “No te sueltes de la mano”, “El rey de las fugas”, “El rezo del sicario”, “No presagia flores el jardín” y “La niña de la piel prohibida”.
(*) Otto Vargas Masís es periodista y escritor costarricense










