20 años del boom de los cronistas criollos metidos a literatos
El periodismo y la literatura son dos hermanos que suelen caminar tomados de la mano. Quienes moran en esos reinos, suelen cruzar sus fronteras. Si bien en la historia abundan los casos de periodistas que terminaron convertidos en literatos, fue hasta la segunda mitad del siglo XX que los cronistas latinoamericanos de notas rojas dieron el salto.
Por Otto Vargas Masís (*)
Con eso despertaron un boom en el continente que comenzó en 1955 con la publicación de la serie “Relato de un náufrago”, en el diario El Espectador, a manos de un entusiasta redactor colombiano: Gabriel García Márquez.
Gabo acudió a las técnicas literarias para contar la historia de Luis Alejandro Velasco Sánchez, un marinero colombiano que sobrevivió diez días a la deriva, en una balsa, tras caer al mar Caribe. Dos años más tarde, el periodista argentino Rodolfo Walsh sacudió al planeta literario con su magistral “Operación masacre” (1957), una novela que narra la ejecución clandestina de un grupo de civiles acusados de subversión por parte del gobierno militar.
En México, Vicente Leñero acudió a la técnica del reportaje novelado en su obra “Los albañiles (1964), inspirada en un crimen ocurrido en una construcción. El boom no tardó en hacer blanco en Costa Rica de la mano del periodista Enrique Benavides, autor de “El crimen de Colima: un error judicial” (de 1966 y cuyos derechos de autor disputó con el escritor José León Sánchez) y “Casos célebres, casuística criminal” (1968).
El género no se detuvo en el continente, aunque sí en Costa Rica … al menos hasta 2004. Walsh volvió a hacer de las suyas en 1973 con “La pasión según Trelew” (obra que detalla la masacre de presos políticos en una base naval), mientras que en 1996 Gabo publicó “Noticia de un secuestro» para reconstruir el destino de 10 víctimas de la violencia desatada por el narcotraficante Pablo Escobar.
La literatura de los cronistas criollos permaneció dormida durante casi cuatro décadas hasta que el periodista de agencias internacionales Óscar Nuñez Olivas revivió el género con un manuscrito que sirvió de electroshock para los periodistas nacionales: “En clave de luna” (2004), una novela policíaca, relanzada en 2015, que gira en torno a los crímenes de El Psicópata.

A partir de ahí, una serie de periodistas curtidos en la calle y en las salas de redacción se atrevió a lanzar sus propios libros en una suerte de renacimiento del boom literario en Costa Rica a manos de cronistas de sucesos.
“Yo creo que la experiencia que se vive en la calle como periodista de sucesos es diferente a la de otros periodistas, sin menoscabo del trabajo que realizan los colegas de otras secciones. Es noble que periodistas de sucesos escriban lo que viven, piensan y sienten para dejar ese legado a otras generaciones”, comentó José Rodolfo Ibarra, autor de “Solo a mi mamá: relato de una tragedia” (2024).
El autor de estas líneas, Otto Vargas, y José Alberto Gatgens, ambos periodistas de La Nación, lanzamos más combustible sobre la chispa al publicar, en 2009, “La hora del compadre”, una novela inspirada en el asesinato del comunicador Parmenio Medina Pérez.
Desacostumbrados a este tipo de literatura criolla, los grandes editores nacionales nos cerraron las puertas en las narices. Entonces, obligados por las circunstancias, decidimos lanzar la novela en forma independiente. En menos de un año, la primera (y única) edición impresa, que constó de 1.000 ejemplares, se agotó en los anaqueles de las librerías Lehmann y Universal. El libro hoy solo está disponible en Amazon.
“La hora del compadre fue un ejercicio periodístico y literario muy significativo en una etapa de mi vida porque me permitió juntar dos vertientes de mis intereses particulares en una sola obra. También significó ahondar en la vida de un personaje que marcó una época en Costa Rica. Trabajar sobre la vida, la obra y el legado de Parmenio Medina Pérez fue un momento importante para comprender y dimensionar el aporte de esta enorme personalidad de la radio y del periodismo en Costa Rica, para que perdure su recuerdo y se haga justicia a la memoria del Quijote de la radio”, expresó Gatgens.
El éxito comercial de estas dos novelas dejó algo en evidencia: el público costarricense estaba listo –y ávido– de este tipo de literatura. Así lo entendió el periodista de Diario Extra (en la actualidad de Repretel), Fabián Meza, al lanzar, en 2015, “Los verdugos de la verdad”, un libro que incluyó 14 crónicas de casos judiciales.
Fue otro bombazo con repercusiones importantes. En 2024, la editorial estadounidense Primigenios relanzó la obra para que tenga alcance continental. Meza señaló al también periodista y escritor Froilán Escobar como uno de los responsables de impulsar este género periodístico-literario desde las aulas universitarias. “Él tomó la batuta como periodista y como maestro. Motivó a muchos a escribir”, reconoció.
Un año más tarde, regresé a la escena, esta vez en solitario, con un hit de dimensiones impensables: “El Psicópata, los expedientes desclasificados”, que publiqué con la Editorial UNED. Publicada a finales de 2016 y lanzada oficialmente en enero de 2017, en menos de un mes la primera edición se agotó. Nueve años más tarde y con siete reimpresiones (y la octava en camino), el libro está en el top 3 de los libros más vendidos de esa editorial en la última década.
En ese boom no podía faltar un periodista con aires de leyenda: Ronald Moya Chacón, exjefe de Sucesos del diario La Nación. “La niña olvidada” vio la luz en 2019. Retoma el caso de Josebeth Retana, una niña de 8 años cuyo cuerpo apareció, dentro de un saco, en un río de Sarapiquí. El curtido comunicador no se limita a describir los hechos: hay un sospechoso y Moya lo deja en evidencia.
“El motivo por el que varios periodistas se decidieron a escribir historias relacionadas con hechos a los que dimos cobertura durante nuestro ejercicio profesional se debe a que, cuando lo hicimos para los medios, nos enfrentamos a información que nos llegó a un ritmo vertiginoso y fragmentado. Algunos periodistas sentimos la necesidad de retomar esas historias para transmitirlas de forma integral, darles unidad y hacerlas más comprensibles. Un buen medio para eso son los libros”, consideró el veterano comunicador.Al movimiento no podía faltar otro sucesero de larga trayectoria: Rodolfo Martín Ovares. El experimentado comunicador, otrora redactor de los diarios La Nación y Al Día, publicó en 2022 “Monteverde, una herida en el paraíso”. El libro recoge el detalle del sangriento asalto bancario que en marzo de 2005 terminó con nueves personas fallecidas y 17 heridas.
El último exponente del boom de crónica roja en Costa Rica también lleva la firma de un periodista avezado que goza de prestigio en el gremio periodístico: José Rodolfo Ibarra Bogarín. ¿Quién más que un sucesero de Telenoticias, NC 4 y Telemundo, sobreviviente del atentado de La Penca (1984), para contar esa historia?
En 2024 el comunicador sorprendió con “Solo a mi mamá: relato de una tragedia”, un libro que se ha vendido “como pan caliente” en las urnas de las librerías nacionales.
El boom, lejos de perder fuelle, se mantiene en marcha. Pronto estará por salir a la luz una obra con el sello de los experimentados Moya y Martín mientras que Vargas hace fila en una editorial con un libro que expone 15 grandes casos judiciales ocurridos en Costa Rica.
(*) Otto Vargas es periodista y escritor costarricense.















