Ficciones quebradizas: metaliteratura moderna
(A propósito de la novela “Ficciones quebradizas” de Adán Vivas)
“Al capitalismo salvaje que ha hecho, de la ciudad, un hábitat para la esquizofrenia”. He aquí la inesperada y sui generis dedicatoria del autor. Suele dedicarse un texto o una obra a un individuo o una institución, pero Adan Vivas opta por dedicar su novela al sistema. Esta decisión, inverosímil y novedosa, describe, en mucho, el contenido de la proteica y excesiva propuesta novelada. Como veremos.
Adriano Corrales Arias (*)
Ya en el íncipit de esta desmesurada y polifónica narración, podemos encontrar el resumen de la misma: “–Joven, la carrera del futuro son las ventas. Nosotros ofrecemos un modelo innovador. Aunque sea profesional, tómelo. Abriremos un posgrado para vendedores de milagros. Empieza en marzo”. Ese posgrado se despliega por las quinientas cincuenta y seis páginas, fárrago que se divide en siete apartados, entradas o capítulos, los cuales, por su carácter descriptivo, también vale la pena mencionar para que el lector advierta de qué va el cuento: 1. La ficción de atrapar el aire. 2. El efecto dominó de perder la fe. 3. El apuro nunca da buenos consejos o qué pasa cuando se quema el CPU del escritor. 4. Esto no es teoría cuántica, sino el deterioro de este cuento. 5. El narrador absorbido por el caos. 6. La derrota es algo que te recorre adentro. 7. La inevitable violencia del ego.
Las acciones del mundo narrado se desenvuelven en un país denominado Malanga. Aquí debemos recordar que la primera novela de Vivas se llama precisamente Malanga (2022), por tanto, estamos ante un tríptico novelesco que desarrolla las condiciones de ese fabuloso y asimétrico país; la segunda novela se denomina La trama del camaleón (2023). En el caso específico de la tercera novela, la que nos ocupa, los acontecimientos se suceden en la capital de Malanga, la ciudad de Artificio, en especial en sus barrios de clase media y los marginales, zonas urbanas y suburbanas estragadas por el caos más brutal, donde el autor intenta describir la ficción más profunda que ha desarrollado el mismo sistema: el dinero cual metáfora de poder, control y corrupción.
El narrador del exorbitante y fantástico relato es más que polifónico: camaleónico. La propuesta consiste en diluir al narrador con diversos personajes en una singular heteronomía. Adán Vivas se presenta como el narrador principal, pero en negación. Aduce que en realidad el narrador es Vivas quien, en efecto, se presenta a sí mismo, pero negándolo a su vez. Vivas tiene un alter ego: Osvaldo Soriano (1943-1977) escritor argentino de reconocida trayectoria, el cual se le “aparece” para aleccionarle y acusarle de plagio con otras lindezas. Al mismo tiempo, a Vivas le colocan un ghostwriter por parte de Petra, su editora, dueña y administradora de la Editorial Comas Negras; el escritor fantasma quiere salir del anonimato, ya como ensayista, ya como ficcionador; su nombre es Salomón de la Luz Chueca.
Y si lo anterior no bastara, los personajes secundarios son contratados a la manera de un casting cinematográfico: Vivas los busca por la ciudad y así, “emprendedores”, desempleados, cuidacarros, drogos, prostitutas, ladronzuelos, estafadores, topadores, miembros de bandas criminales, sicarios, empleadas de tiendas, vendedoras, policías, guardas, profesores, investigadores policiales, y una larga lista de la fauna citadina, se convierten en comparsas, figurantes, extras o actores secundarios: la jerarquía social de la ciudad se proyecta en la jerarquía del personal novelado. Algunos de ellos se rebelan al adquirir conciencia del juego, de la manipulación y la explotación a la que se ven sometidos. El narrador, cuando los detecta, los elimina de la manera más violenta, sin ninguna consideración. Alguno de ellos sobrevive o se metamorfosea en otro personaje.
(*) Adriano Corrales Arias es poeta, ensayista y narrador costarricense.

La trama también se diluye. Además de la editorial ya citada, hay una Casa de los alucinados, suerte de institución de beneficiencia para personas en condición de calle o perturbados mentales. En realidad, se trata de un sitio donde se reclutan y se “preparan” operadores (¿“colaboradores”?) para vender humo o milagros, es decir, para satisfacer a la gran empresa que desarrolla estafas de gran calado, como la del papel que se borra a las treinta y seis horas o las monedas de chicle con droga. La gran empresa está situada en una edificación kafkiana donde puede suceder cualquier cosa en términos médicos, empresariales, o de negocios, en una palabra, criminales. La misma posee largos tentáculos y cuenta con operadores hasta en las prisiones.
La hipérbole es una de las figuras más utilizadas en la narración la cual, ya de por sí, es hiperbólica. Asistimos, por ejemplo, a una inusitada huelga de gallinas ponedoras, liderada por la presidente del sindicato respectivo de gallinas ponedoras. Hay una crisis gallinácea y de huevos en la ciudad y en el país. Finalmente, y luego de singulares negociaciones, engatusan a la señora gallina sindicalista y la deportan a un continente lejano como si de un astronauta o de un peligroso espécimen se tratase.
Estamos, pues, ante una novela más que polifónica: desmesurada, desigual, hiperbólica, violenta, en crisis, en fin, caótica, como el pandemónium de la misma ciudad; en resumen, esquizofrénica. Todo ello con un humor negro, ácido, espeso, pero que evita el folclorismo urbano, la parodia o el pastiche pequeñoburgués propios de algunas narraciones posmodernas, no sin antes poner en entredicho a la propia institución literatura, sus canónicos pasadizos y sus comerciales trueques y devaneos de egos y medianías. Nos devela, además, el gran fraude posmoderno en todos los planos económicos, sociales, culturales e históricos, con sus letales consecuencias. Desenmascara los entretelones –los submundos– de la gran puesta en escena del capital. Penetra en los intersticios de la Gran Mentira, de la droga más potente que intoxica a todo el personal, a toda la ciudad, a todo un país, a todo el planeta.



