Anuncios

José Chacón: el mago del thriller que sacudió la escena literaria de Costa Rica

 

La primera lleva por nombre “Mysterium Salutis” e irrumpió como una bocanada de aire fresco en el universo literario criollo, en 2021.  Sin tiempo que perder, su autor volvió a la carga en 2024 con el bombazo literario del año: “El caligrafista”.

 

Por Otto Vargas (*)

 

Conocido por sus obras de carácter teológico, el escritor costarricense José Chacón decidió dar un giro a su carrera literaria para incursionar en el género novela con dos textos que le han granjeado elogios y sacudieron, en escala Ritcher, la producción literaria de tiquicia. Como dijo con buen tino el psicólogo y cientista social Milton Rosales en el caso de Mysterium, “si no es el mejor, es uno de los mejores libros del año” … y eso, sin duda alguna, aplica para las dos obras.

Los manuscritos siguen la pista a homicidas que actuaron motivados por creencias religiosas.  Chacón se abre paso en este tipo de literatura trazando su propia huella en un camino que otros autores nacionales abrieron: desde José León Sánchez con su “Tortura, el crimen de Colima” (publicado en 1993 tras un litigio que lo reconoció como el autor de la obra) hasta “El Psicópata: los expedientes desclasificados”, una apuesta del alto riesgo (de muy alto riesgo) en una editorial de corte más tradicional, como la Editorial UNED.

Siete reimpresiones en ocho años y el hecho de estar en el top 3 de libros más vendidos de la última década le dieron a EUNED la razón: a los lectores costarricenses les atraen los thrillers y este boom es más que evidente si se toma en consideración que, en este primer cuarto del siglo, diversos autores nacionales se decantaron por esa temática: Jorge Méndez Limbrick con “El hacedor de sombras”; Otto Vargas Masís y José Alberto Gatgens con “La hora del compadre” (sobre el asesinato del comunicador Parmenio Medina Pérez); Huenelge Gutiérrez con “A mano armada”; Oscar Núñez Olivas con “En clave de luna”; Ronald Moya con “La niña olvidada”; Rodolfo Martín con “Monteverde,  herida en el paraíso” y, más recientemente, José Rodolfo Ibarra, sobreviviente del atentando de la Penca (en 1983), con su “Solo a mi mamá”.

La obra de José Chacón, aunque forma parte del género, es sustancialmente diferente.  Los suyos son sacro-thrillers más al estilo del autor Dan Brown, de “El código Da Vinci” o las célebres “El nombre de la Rosa” y “El péndulo de Foucault”, de Umberto Eco. El escritor tico lo logra sin caer en la tentación de copiar sus estilos y sus formas de tender el hilo conductor.   Chacón tiene pluma afinada y un estilo propio intenso; sabe atrapar la atención del lector y con habilidad lo conduce a través del misterio y de enérgicos giros en la trama que hielan la sangre y hacen que sea difícil, muy difícil, despegarse del texto.

El autor no solo echa mano a su bagaje cultural, sino también a su erudición en temas teológico-históricos que provocan que los hechos narrados sean creíbles y sumerjan a los lectores en la paradoja de no poder descifrar los mojones entre la ficción y la realidad.

El autor es osado: se atreve a romper las barreras geográficas para ambientar sus dos novelas más allá de las fronteras nacionales. Sus historias discurren en países de Europa y Oriente Medio, lo que añade una dificultad a los textos: colocar a los lectores en lugares y contextos históricos que quizás les resulten ajenos. José lo consigue producto de una sobria ambientación que encuentra sustento en el meticuloso trabajo de investigación sobre el que asientan las dos historias.

Sin pretender entrar en el fondo de las novelas (para no incurrir en pecaminosos spoilers), el trabajo de Chacón puede considerase único en el medio; lo explico de la siguiente manera.

La sobria presentación de los libros:  Más que portadas, las tapas de ambas novelas (auténticas obras de arte) son una promesa: los lectores están a punto de emprender una fascinante experiencia visual llena de suspenso y crimen de la que no podrán librarse si se atreven a leer la primera página. Doble puntaje si lo que se tiene a mano es la hermosa versión de tapas duras.

Desde las primeras páginas, el lector notará que está ante algo diferente.  Lo digo por los antiquísimos grabados que de la nada aparecen como notas de página, por el glosario de Lengua Ignoto y sus constantes apariciones en Mysterium, por las fotografías de lugares icónicos que se mencionan en el texto, por las referencias a antigüedades…  todo eso ayuda a crear una atmósfera y dota a los libros de una belleza extraordinaria.

Los escenarios:  Destacable la capacidad camaleónica del autor para transportar a los lectores a distantes lugares mientras cruza líneas del tiempo sin perder el hilo narrativo.  Esa técnica es compleja y ha conducido a otros autores al desastre.   No ocurre eso en el caso de José Chacón, pues su manejo narrativo es audaz y atrevido: de repente usted estará frente a las aguas rojas del cementerio de Behesht-e Zahara (en Teherán, camposanto que emula el paraíso persa de Avesta) y en un parpadeo se trasladará al Palacio de los Papas, en Aviñón, Francia.

 

En sus novelas, Chacón sigue la pista a homicidios motivados por creencias religiosas.

 

Y si se trata de viajar en el tiempo, no es de extrañarse aparecer en Krefeld (Alemania) en 1753 antes de trasladarse al Zúrich suizo de 1525 para vivir otras vidas, como alguna vez soñó el buen Joaquín Sabina

 

La fortaleza de los personajes.  El suspenso es palpable en personajes descritos con tal humanidad que para el lector resultan cercanos y creíbles, pese a provenir de un crisol de culturas diferentes, como Maha, la criminóloga iraní exiliada en Londres. Qué emocionante seguir al profesor Freedman mientras desentraña un enigma de 700 años ligado a Margarita de Trento, una hereje del siglo XIV.  Alucinante respirar en la nuca a investigadoras como la teniente alemana Anke Schumann y la española Ainhoa Garay mientras siguen la pista al asesino que dejó partes de un cadáver en sedes diplomáticas de Tel Aviv.

El retrato psicológico de los protagonistas les concede vivacidad mientras evita que se conviertan en relleno o en figuras acartonadas.  Cada uno aporta a la trama en su justa medida.  Presenciamos sus temores, conocemos a sus fantasmas pasados y sufrimos ante sus desavenencias.

El valor agregado: Este es, quizás, uno de los aspectos más innovadores en las novelas de este autor costarricense.   Como dicen ahora los muchachos, José “la rompe” al ofrecer un glosario y un cuaderno de caligrafía ignota, una guía para seguir a los personajes a través de la historia y hasta un cuaderno de investigación para que los lectores de Mysterium Salutis anoten sus propias conjeturas (entre estas el perfil de las víctimas, la lista de sospechosos y la reconstrucción de eventos) mientras se avanza en la lectura, un ejercicio divertido y a la vez retador: resolver el misterio antes que el propio autor.

Punto extra: la novela tiene su propio playlist que incluye canciones de la interprete mexicana Julieta Venegas, el “Get up, stand up” de Bob Marley y hasta el himno que en los años 60 inmortalizó el estadounidense Scott McKenzie: “San Francisco”.

El caligrafista no se queda atrás. Surreal la guía de tintas mágicas ofrecidas al final del libro; surreal las páginas negras con letras blancas que reaccionan ante la oscuridad.

De la trama de ambas novelas se ha dicho bastante; han llovido merecidas loas. Lo resumo con que son historias apasionantes, contadas con maestría y sin acudir a triquiñuelas para amarrar el interés de los lectores.   Lo anterior explica, con relativa facilidad, el éxito que estas dos novelas de la editorial Abyad ha tenido en la comuna literaria costarricense mientras buscan abrirse paso en el exigente mercado literario de España.

Menudo tarea tendrá José Chacón para su próximo manuscrito: ¿Cómo superar, siquiera igualar, dos de las novelas más importantes de la primera mitad siglo XXI en Costa Rica?

(*)  Otto Vargas es periodista y escritor costarricense.

Anuncios